Manzanilla de Sanlúcar, ¿un valor olvidado?

Botas de manzanilla

La manzanilla es el vino por excelencia de Sanlúcar de Barrameda y una de las señas de identidad más importantes de esta localidad gaditana. Su marginalidad o desvalorización suponen, por tanto, una pérdida que el municipio lucha por vencer.

Se cría únicamente en esta ciudad  bajo la Denominación de Origen “Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda”. Al encontrarse inserta en el triángulo de la denominación de origen “Jerez-Xérès. Sherry” está tutelada por el mismo Consejo Regulador y tanto la uva utilizada como el procedimiento de elaboración son los mismos del Jerez.

Es un vino muy pálido, de aroma punzante característico, ligero al paladar, seco y poco ácido, con una graduación de 15 grados y crianza bajo flor. Es el más ligero de todos los vinos del Marco de Jerez, ideal para acompañar el aperitivo.

Se suele dividir entre manzanilla fina y manzanilla pesada, donde el proceso de oxidación es más dilatado, aunque hay algunas bodegas que, a su vez, hace una distinción entre la fina, la muy fina, la pesada y la muy pesada, también denominada amontillado.

Son numerosas las bodegas inscritas en el consejo regulador como criadores de vinos en Sanlúcar de Barrameda: Argüeso, Barbadillo, Barón, Hidalgo-La Gitana, J. Ferris M., La Cigarrera, Teresa Rivero, Delgado Zuleta, Francisco Yuste Brioso, Manuel Cuevas Jurado, Miguel Sánchez Ayala, Pedro Romero, Portales Pérez, Virgen de la Caridad y Viña La Callejuela.

Sin embargo su venta, fuera de la ciudad, y, sobre todo, en sectores jóvenes de la población se encuentra en retroceso, exceptuando el llamado “rebujito” que se consume normalmente en las ferias andaluzas.

La manzanilla debe servirse muy fría, entre los 7 y los 9 grados y es ideal para acompañar todo tipo de tapas provenientes del mar, como mariscos y pescados, con alimentos con toques salinos como los embutidos y salazones y con aquellos que contienen vinagre como ensaladas y adobos.

Su sabor único está condicionado por la propia singularidad del terreno en el que se cría. La propia estructura de la ciudad, conformada por dos bancales a distinta altura, una a nivel del mar, el llamado barrio bajo, y otra unos metros por encima, el barrio alto hacen de este caldo un producto muy singular. A ello se une el río Guadalquivir, límite natural del norte de Sanlúcar, el océano Atlántico, donde el río vierte sus aguas y bordea la ciudad al oeste y la marisma, como gran extensión sin relieve sobre el antiguo delta y donde mira la localidad de cara al Parque Nacional de Doñana.

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